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Patricia Lizarraga escribe sobre una misión de verano en Bolivia. Enero 2007 PDF Imprimir E-Mail

Los Machiguengas es una tribu, casi en extinción,  que viven en el amazonas peruano diseminados por la selva en pequeñas familias, esta tribu cuentan con un personaje, el Hablador, que lleva de una familia a otra las noticias y es de alguna manera el “custodia” de la historia del pueblo; a través de él las / los Machiguengas saben unos de otros….

Hoy me siento como Un Hablador, les voy a contar una “historia”…

Del 3 al 12 de enero con un grupo de jóvenes del Grupo Misionero Parroquial, algunos adultos, jóvenes de La Pastoral Juvenil Rural,  P. Fernando (mi hermano, misionero de Nuestra Sra. de La Salette), Daniela (mi hermana) y Walter (un joven de argentina)  participamos  del segundo año de misión en 4 comunidades rurales en las montaña a 2500 o quizás 2700 metros… o más? … allá lejos… donde no hay luz, solo un camino central abierto hace muy pocos años y  senderos para llegar  donde parece que no vive nadie;  y las distancias se miden en horas, cuando preguntas,  cuantas?   Te responden después de mirarte un rato en silencio,  y bueno… nosotros en… y quizá usted en….  Así es…
 

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Llegamos a la escuela de la comunidad de Cirminuelas, donde íbamos a alojarnos y seria el centro misional,   en un camión con nuestras cosas: colchones, frazadas, bolsas de dormir,  garrafas, comida, guitarras, papeles, lápices, cancioneros, biblias , pelotas… etc.  Después de acomodarnos,  tomamos algo, rezamos juntos /as y organizamos nuestros  días  acompañados por el catequista del lugar y algunos comunarios que vinieron a darnos la bienvenida…

 

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El verano es época de lluvia. Después de ocho meses de sequía en diciembre comienzan las tan esperadas lluvias y la gente empieza  a sembrar… este verano se retrasaron   y toda la comunidad esperaba la misión, para “rezar para que llueva”…. Y poder sembrar.

 

Por las mañanas visitábamos las casas, a las gentes  en sus terrenos donde sembraban, a los que trabajaban arreglando el camino. Por la tarde temprano llegaban los niños y algunos jóvenes.  Los adultos,  después de volver de los “terrenos”,  al  anochecer  bajaban a la escuela  como luciérnagas acompañados por la luz de sus linternas a  escuchar las charlas de los misioneros, a “rezar la misa” y compartir hasta muy entrada la noche  sus sueños, sus logros, las dificultades, los proyectos  y su  fe, sencilla y profunda como solo pueden sentirla y compartirla la “gente de la tierra”.


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Este año el tema fue Mariano, y toda la misión nos ilumino la Palabra escrita por Lucas 1, 26 – 38. Rescatamos la situación de la mujer en tiempos de Jesús, el Sí de María y para Dios nada es imposible.   Así miramos nuestra historia como pueblo de Dios hoy, nuestra situación como país, difícil y con tantos problemas sociales; la situación de la comunidad y de nuestras familias, la falta de posibilidades, la migración a los centros urbanos y a Argentina de los más jóvenes, la violencia y la falta de entendimiento entre las distintas generaciones, etc.  Los retos de estos nuevos tiempos, los Sí que estamos llamados a dar para cambiar situaciones que requieren de nuestro protagonismo y la presencia continua de Dios en cada momento en cada experiencia, animándonos, protegiéndonos.  Tuvimos momentos fuertes de reflexión, oración, y compromiso.

No faltó la fiesta,  una noche cultural donde “casi todos” de la comunidad (78 familias) compartimos nuestros dones y talentos, cantamos, bailamos, tocamos, contamos, recitamos, jugamos…

… Porque para Dios nada es imposible…


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Hermana Patricia Lizarrága 

 
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