03
JUL
2018

14th Sunday in Ordinary Time (8 July)

Mk 6, 1-6: “No one is a prophet in his own country.”

Jesus is rejected by his own.The gospel of Mark tells us this story. Jesus returns to his village accompanied by his disciples, to the place where he was reared and among the people who were close to him and who know him or think they know him. These were his neighbours. He was “one of them, one of our own” in their minds. They knew who were his father and mother and his brothers and sisters and they knew how and with whom he had been brought up. They had lived for thirty years with him: how could they not know him?

It is Saturday and the synagogue is the meeting place for these believing Jews. This is where the Word of God is read and commented on. Jesus enters the synagogue. A large crowd of people there and among them the close neighbours of Jesus. It is easy to imagine the looks, the astonished and incredulous whispering that went on as they watched him assume his prophetic role.

In their eyes Jesus was very bold to present himself as a rabbi. His only title was to be the son of a local artisan. And of a simple village woman. That day Jesus experienced in his heart how rejection feels. “He came to his own and his own did not receive him”, as St John writes later. Not only that, the local people had interiorized the concept: can anything good come out of Nazareth?

They knew you, Jesus so well…that they did not take the time to penetrate your intimacy. Slaves of a superficial external image, they closed themselves to the mystery of your person. You are so human! So obvious! They refuse to discover in you the close, saving presence of God. This is too much for their closed minds as they thought they knew everything and were in possession of the truth. This Truth is uncomfortable. They had never seen in Jesus anything unusual, or different from the common run. He had always appeared normal, so they did not expect what was extraordinary from him. Where did he get it? He had never been the disciple of any famous rabbi nor had he titles that backed up his pretence of being a teacher. He was not a priest with the responsibility of preserving the purity of the Law.
And the most shocking thing of all was to introduce himself not as the son of the carpenter but as a teacher teaching new things, and in the Name of God! and speaking of a Kingdom that was in no way related to the powerful known kings. They could not see God in him. Not Moses or Elias but the Son.

This rejection was stronger coming from his own people that he had come to liberate from all oppression. He was surprised at their lack of faith. Mark reveals the humanity of Jesus in this text. Jesus was like everyone else, without any special privileges. So it was really difficult to see him as sent by God.

It is still difficult. We have enclosed him in images that we have formed over the centuries. But God disconcerts us. He does not adjust to our ideas of Him/Her. He does not present himself in the same way, though yes, He is always incarnated in our reality, in our history, streets and neighbourhoods, in the people we know so well! God is permanently new. Not routine. The images we have of Him condition our way of living our faith. We go after an idea and we lose our way as we mistake the signs.

Today Jesus has the face of the immigrant, refugee, those who beg a place in your town or country, because they have been rejected among their own people. Or have been discriminated against for their race, colour, sexual orientation. Stigmatized for having AIDS, for having been in prison or in a home for the elderly or for orphans. She lives in the home of a victim of gender violence or abusive treatment. He walks with the vagabond who lives under a bridge, covered in cardboard or who frequents the soup kitchens. Others sleep in the entrance to cinemas and theatres or on the pavement in front of ostentatious buildings dedicated to the power of money. Lazarus at Epulon’s gate.

Today to be accepting of Jesus, of God, is to be open in mind and heart to discover Him/Her. To know how to look, to see, to follow Him in the caravan of his true followers who are the saints and prophets of today. Those who can achieve the miracle of announcing Him in his true identity. Without reducing Him, or adapting Him either verbally or in practice.

So Jesus in this way encourages us not to give up in the face of frustrations and failures. Jesus’s failure prevented Him from doing miracles in the that place but that was no obstacles to his Mission , it did not stop Him from preaching the Good News.
In the words of poet, M. Valmaseda

Don’t look for the image of Christ
Not in the museums
Not in the statues
On altars or in temples

Nor should you follow in processions
The footsteps of the Nazarene.
Dont look in wood, bronze stone or plaster
rather look for his image in the poor
His image in flesh and bone.

Sr. Matilde Franchino OP
(Translated by Sr. Veronica Rafferty OP)

Marcos 6, 1-6: “Nadie es profeta en su tierra:” Jesús Rechazado entre los suyos.
El evangelista Marcos relata este episodio de la vida de Jesús.

Jesús vuelve a su pueblo acompañado de sus discípulos, al medio en que se crió y entre la gente que, por serle socialmente cercana lo conoce o cree conocerlo. Los que están allí fueron sus vecinos. Para ellos, él era “uno de los suyos … de los nuestros”. Sabían quién era su padre y su madre y sus hermanos” y sabían dónde, cómo y con quienes se había criado. Habían vivido con él durante treinta años ¿cómo no conocerlo?
Es sábado y la sinagoga es el lugar de encuentro de los judíos creyentes. Es donde se lee y comenta la Palabra de Dios.
Jesús entra a la sinagoga. Hay mucha gente y entre ellos los que saben quién es Jesús.
Es fácil imaginar las miradas y los cuchicheos de asombro e incredulidad cuando lo ven asumir su rol profético.
Para esos, Jesús tiene la osadía de presentarse como rabí. Él, que no tenía más título que el de ser hijo de un conocido artesano. Y de una sencilla mujer del pueblo.
Para Jesús fue un día en el que su corazón prueba la experiencia del rechazo. “Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron” como escribiría más tarde Juan.
Además el pueblo tenía interiorizado el dicho “de Nazaret ¿puede acaso salir algo bueno?”
Te conocen, Jesús, tanto…que no se dieron tiempo para penetrar tu intimidad. Esclavos de una imagen superficial y externa se cerraron al misterio de tu persona. ¡Eras tan humano…! ¡tan previsible…! Se resisten a descubrir en ti la presencia cercana y salvadora de Dios. Es demasiada grandeza para las mentes cerradas de los que creían saberlo todo y ser poseedores de la verdad. Cuando la Verdad es incómoda.
Si nunca habían visto en Jesús nada fuera de lo esperado, de lo corriente.
Si todo se mostró siempre dentro de lo normal ¿cómo esperar nada extraordinario ¿De dónde?
Si él no había sido discípulo de ningún afamado rabino ni tenía títulos que avalaran su pretensión de maestro, ni era sacerdote con la responsabilidad de preservar la pureza de la Ley
Si…y lo más escandaloso haberse presentado, no como hijo del carpintero sino como maestro enseñando cosas nuevas y en ¡nombre de Dios! Y hablando de un Reino que nada tenía que ver con los poderosos reinos conocidos y soñados.
No pudieron ver que Dios estaba con él. No Moisés ni Elías… sino el Hijo.
El rechazo fue sensiblemente más fuerte por venir de su pueblo al que venía a liberar de toda opresión. Y” se extrañó de su falta de fe”.
Marcos descubre en este relato evangélico la humanidad de Jesús.
Es cierto. Jesús es uno de tantos. Sin prerrogativas especiales .Por eso fue tan difícil verlo como enviado de Dios.
Y lo es actualmente.
Lo hemos encerrado en imágenes que fuimos formando a través del tiempo.
Pero Dios es desconcertante. No se ajusta a las ideas que tenemos de él.
Nunca se presenta de la misma manera aunque sí, siempre encarnado en la realidad, en la historia, en nuestras calles y vecindarios, entre la gente que conocemos ¡tan bien!
Dios es novedad permanente. No rutina. Las imágenes que tenemos de él condicionan nuestra forma de vivir la fe. Vamos tras una idea y perdemos el rumbo porque equivocamos las señales.
Hoy Jesús tiene el rostro del migrante, el refugiado, del que mendiga un lugar en tu pueblo o país donde vivir entre hermanos porque entre los suyos es rechazado. Es el discriminado por su raza, color u orientación sexual. Lleva la marca del enfermo de sida, del que vive el encierro de la cárcel o de la institución refugio de ancianos o de huérfanos. Vive en el hogar donde la mujer es maltratada o en donde es usada como un objeto. Camina con el vagabundo, vive bajo los puentes abrigado con cartones o es asiduo a las ollas populares cuando no duerme bajo la marquesina de los cines y teatros o a la vera de los ostentosos edificios del poder del dinero. Lázaros frente a Epulón.
Hoy como antes aceptar a Jesús , aceptara Dios, es estar mente y corazón abiertos para descubrirlo… Saber mirar. Saber ver- Y seguirlo en esa misma dirección enrolados en la misma caravana de los verdaderos seguidores. De los santos y los profetas de hoy. De los que hacen el milagro de anunciarlo en su verdadera identidad. Sin mermas ni acomodos verbales o vivenciales.
Y, así Jesús nos alienta a no decaer pese a las frustraciones y fracasos. A Jesús su fracaso le impidió hacer milagros en ese lugar pero no fue un obstáculo a su misión, no frenó su pasión por el anuncio de la Buena noticia.
Los desheredados de la vida, los pobres van con él.
Pero la imagen de Cristo
no la busques en los museos,
no la busques en las estatuas
en los altares y templos,
ni sigas en las procesiones
los pasos del nazareno.
No la busques de madera,
de bronce, de piedra o yeso.
Mejor busca entre los pobres
su imagen de carne y hueso.
M. Valmaseda

About the Author

Leave a Reply

*

captcha *